Brihuega, de los aromas de lavanda y un encantador patrimonio en un rincón de la Alcarria


Brihuega. Ubicación geográfica de esta población alcarreña bastante cercana a la capital provincial y, desde luego, también a la capital de España (apenas 30 y 90 kilómetros, respectivamente). Esa proximidad, con toda lógica, y más aún por su rico patrimonio y no menos singularidad, la hace tener cierto renombre turístico en el marco de las rutas y las escapadas de fin de semana que desde hace unos años, con la llegada del verano, ha crecido con fuerza de la mano de un festival de nuevo cuño, motivación (inicialmente) privada e inspiración vegetal. Sí, el Festival de la Lavanda se ha venido a sumar a la notoriedad de una población conocida como Jardín de la Alcarria que, desde 1973, cuenta con la consideración de Conjunto Histórico Artístico. Un enclave con presencia humana desde la noche de los tiempos, donde actualmente moran unas 3.000 personas y en el que las refriegas bélicas humanas han encontrado un par de episodios (desgraciadamente) de gran entidad dentro de la historia: en la Guerra de Sucesión y la Guerra Civil, con tropas italianas en acción. [Mapas VíaMichelin].

Brihuega. Escudo municipal más célebre (algunos estudiosos han sacado a la luz un escudo anterior, menos público y poco o nada usado), presidido por un castillo almenado coronado por una representación de la Purísima Concepción. La población, no podría ser de otra forma, fue de las visitadas por el 'nobelizado' Camilo José Cela en su obra Viaje a La Alcarria, donde el literato gallego plasmaba: "Brihuega tiene un color gris azulado, como de humo de cigarro puro. Parece una ciudad antigua, con mucha piedra, con casas bien construidas y árboles corpulentos". El aporte de Cela fue fundamental en la notoriedad de esta comarca, como demuestra la celebración en la zona de cualquier efeméride relacionada con el autor.

Brihuega. Fuente ornamental en el recomendable parque de María Cristina, conocido popularmente como Las Eras: frescas sombras, un parque majete para los más pequeños y hasta una generosa terraza muy concurrida en las noches de fin de semana estivales. Un pulmón verde absoluto para este rincón de la Alcarria.

Brihuega. Parque de María Cristina, o de Las Eras. Se está muy cómodo aquí. Y cobran vida esas palabras de Andrés Campos en El País con motivo de un artículo en el que reflejaba sus impresiones de la población: "La más fresca de la Alcarria".

Brihuega. La icónica Puerta de la Cadena, y su vecino cubo: posiblemente los únicos restos del lado norte de la vieja muralla de esta villa que, como veremos, cuenta con interesantes tramos conservados no muy lejos (pero no mirando al norte). En algunos documentos antiguos a esta puerta se la conoce como Puerta de Valdeatienza, por albergar el camino que comunicaba con la villa de Atienza.

Brihuega. Puerta de la Cadena, presidida con unas inscripciones en las que se recuerdan las vivencias locales durante la batalla de Brihuega-Villaviciosa que tuvo lugar en 1710, durante la Guerra de Sucesión Española. Una batalla que realmente fueron dos, en dos jornadas distintas, y en el marco de una operación de repliegue de los proaustrias y hostigamento de los proborbón. En ella, Brihuega fue asaltada. Al otro lado del arco, engalanada con toldos y parasoles con colores que aluden al festival de la lavanda, la descedente calle Cadena.

Brihuega. "Lavanda", en varios idiomas. Motivos decorativos en la suerte de toldos que engalanan la calle Cadena. ¿Y esa pasión por la lavanda? Pues resulta que en los pagos de esta población existen unas 1000 hectáreas (cifras de 2015) de cultivos de lavanda cuya producción, en su mayoría, se exporta a Francia para satisfaccer su industria cosmética. La recolección de la lavanda, el crecimiento de su notoriedad, ha motivado la creación de una fiesta de nuevo cuño en la que, incluso, se realizan espectáculos musicales al anochecer, en medio de los aromas de campos cultivados por esta planta. Un oriundo de la zona emigró a Francia tras la Guerra Civil, se asentó en La Provenza, descubrió esta planta, la importó y la plantó, confiado en las condiciones climatológicas de una zona donde las floraciones alimentan mieles célebres y notorias. Confiado, con razón. Y apoyos. Dicen que, ojo al dato parafraseando a José María Garía, el 10% de esencia de lavanda se produce en Brihuega.

Brihuega. Calle Cadena. Posiblemente la vía más directa para unir, en términos turísticos, el Parque de María Cristina y la plaza del Coso.

Brihuega. Un callejón que nace en una Plaza Herradores a la que llega la calle Cadena y en la que encontraremos algún que otro ejemplo de arquitectura popular.

Brihuega. Escalinata que salva el desnivel entre la calle Arbollón y la calle Margarita de Pedroso, que marcaría el límite extramuros como veremos...

Brihuega. Restos de la vieja muralla, ante los que se aprecian pequeños huertos, contemplados desde la calle Margarita de Pedroso

Brihuega. Piedra vieja que se fusiona con los restos de la muralla. Es un buen momento este pie de foto para incluir un enlace a una obra de Antonio Herrera Casado publicada en 1996: Brihuega, la roca del Tajuña.

Brihuega. Calle Margarita de Pedroso. Nuevas edificaciones de una planta, bastantante respetuosas estéticamente con el entorno, ante un emergente tramo de la vieja muralla, restaurado y cuidado. Es, de hecho, el principal tramo conservado de ese perímetro de casi dos kilómetros (nada menos) con el que Brihuega llegó a contar.



Brihuega. Calle Margarita de Pedroso. La muralla. Y un entorno tomado por la piedra en muros y pavimento. Las murallas son el más fiel reflejo, con permiso del castillo de la Piedra Bermeja, del paso de los musulmanes por la población.

Brihuega. Calle Margarita de Pedroso. Dos pequeñas puertas en la parte inferior de la muralla, posiblemente accesos a bodegas.

Brihuega. Murallas. Calle Margarita de Pedroso.

Brihuega. Cubo defensivo de la vieja muralla. Seguimos en la calle Margarita de Pedroso, que como hemos comentado concentra el tramo de mayor extensión de todos los conservados.

Brihuega. Un sinuoso y revirado tramo de la calle Margarita de Pedroso alimenta una transión entre tramos de la muralla.

Brihuega. Vista del casco urbano, en el llamado Barrio Nuevo, a través del tramo sin muralla que hemos visto antes. Arquitectura popular.

Brihuega. Una vista atrás allí donde reaparece la muralla con este solemne cubo.

Brihuega. Esta parte de la población regala algunas vistas muy interesantes. Y entre ellas, la plaza de toros (conocida como La Muralla por estar pegado a ella; construída en apenas 200 días y según algunos escritos la más grande de toda la provincia); el entorno arbolado del castillo de Piedra Bermeja y la iglesia de Santa María de la Peña o, más desapercibido, el Arco del Cozagón. Y al fondo, claro, los campos de La Alcarria.

Brihuega. Fuente pública ante un sombreado y coqueto mirador sobre la vega del río Tajuña.



Brihuega. Restos arqueológicos ante los campos de La Alcarria. Bajamos caminando por la calle de las Cacharrerías y el Arco del Cozagón no parece lo que realmente es (y mucho más en la vista extramuros).

Brihuega. La Alcarria. Un vallezuelo labrado por las aguas del río Tajuña. Estas fotos estivales están dominadas por los amarillos forjados por los rigores del calor veraniego, pero la gran periodista Gemma Martínez Ibáñez, en uno de sus entrenamientos con la bici de carretera, los captaba en un mucho más atractivo verde primaveral.

Brihuega. Arco del Cozagón, otro de los iconos patrimoniales de la ciudad. Su principal acceso, de hecho, durante centurias, el de la ruta, a través del Tajuña y del Tajo, hacia la ciudad de Toledo.

Brihuega. De murallas, torres y esbozos de conventos. Esto último viene a cuenta de que se percibe parte de las instalaciones del convento de San José que después veremos desde el Prado de Santa María.

Brihuega. Estamos en la calle de la Estrella. A nuestra espalda queda la plaza de toros.

Brihuega. ¡Ah, de esos agradecidos frescores de sus noche estivales! Calle de la Guía. Al fondo, la Puerta de la Guía, que permite el acceso al entorno del castillo de Peña Bermeja y de la iglesia de Santa María de la Peña. Este acceso tiene, según hemos podido leer, una curiosa historia detrás: la de haber sido mandada construir por el general Joseph Léopold Sigisbert Hugo, militar francés padre del futuro literato Víctor Hugo. El general Hugo quería un acceso a partir del cual tomar el castillo y lo concretó a través de este futuro arco.

Brihuega. Imagen de la virgen de la Peña, patrona de la población, que descansa en una hornacina que engalana la Puerta de la Guía. Esta puerta nos adentra, frondoso intramuros, en el llamado Prado de Santa María.



Brihuega. Restos del Castillo de la Peña Bermeja en un entorno aplazoletado donde una hermosa fuente, la de Santa María, le aporta frescor y musicalidad. Al castillo se le dio su aspecto actual en el siglo XII, aprovechando la fortaleza que los musulmanes había levantado aprovechando la geoestrategia que les ofrecía un saliente rocoso. Una tradición popular explica que el bermejo de su denominación, o de esa citada peña, obedece a la sangre de una doncella cristiana que, durante un baño en el río Tajuña, fue asaltada por un musulmán que se prendó de ella y la asesinó de un espadazo al no poder salirse con la suya en lo que a deseos carnales se refiere. El cuerpo de la joven se lo llevaron las aguas hasta una piedra que quedó teñida con su sangre y que se colocó en el castillo como recuerdo de tan tremenda injusticia del enemigo infiel.

Brihuega. Restos del Castillo de la Peña Bermeja tras la Fuente de Santa María. Vista nocturna. Esa fuente, hay que señalar, no siempre estuvo en esa ubicación, sino que fue "movida" en los años 60 del siglo XX desde una posición original junto a las murallas, adosada.

Brihuega. Castillo de la Peña Bermeja. A pesar de esos orígenes ya señalados que se remontan a la ocupación musulmana, su crecimiento y su desarrollo llegó tras una reconquista cristiana que, con los años, le dio más aire de palacio feudal que de fortaleza militar.

Brihuega. Santa María de la Peña, templo donde mora la virgen del mismo nombre que es, de hecho, la patrona de la localidad. Sus raíces, en el siglo XIII, cuando ordenó su construcción el arzobispo Rodrigo Ximénez de Rada.

Brihuega. Santa María de la Peña, a la postre uno de los cinco templos con los que llegó a contar la villa. Hermoso acceso de aires góticos, dado ese arco apuntado, esas arquivoltas labradas y esa suerte de rosetón ornamental. Una auténtica belleza.

Brihuega. El campanario de Santa María de la Peña emergiendo sobre el frondoso arbolado circundante. La ubicación de esta iglesia tiene un punto sorprendente con respecto a lo que suele ser el "canon", cierto que no escrito pero también virtual, oficioso, en la mayoría de España, de que el templo esté céntrico y junto a plazas. En Brihuega no es así.

Brihuega. Una vista desde los alrededores de Santa María de la Peña del Convento de San José, la sede del curioso y sorprendente Museo de Miniaturas del Profesor Max. El convento, con una ubicación que bebía de la muralla, nació por mediación de Juan de Molina en el primer tercio del siglo XVII y perdió su uso religioso con las desamortizaciones del XIX, pasando a servir como hospital, como escuela y hasta como prisión, según momentos de la historia.

Brihuega. Callejeando por su casco urbano.

Brihuega. Plaza del Coso. Espaciosa y de trazado irregular, en ella podremos disfrutar de algunos ejemplos, o detalles, vinculados a la arquitectura popular de la zona.

Brihuega. Ayuntamiento, del que hablaremos más adelante. Vista parcial. Estamos en la Plaza del Coso.



Brihuega. En la plaza del Coso, enfrente del ayuntamiento, en nuevo entorno de piedra, encontramos publicitado el acceso a las llamadas Cuevas Árabes. Se trata de un conjunto de galerías y pasillos, datados entre los siglos X y XI en algunos casos, que recorren los subterráneos de la población, y estamos hablando de unos ocho kilómetros nada menos. Las Cuevas Árabes sirvieron de refugio ante amenazas exteriores lo mismo que valieron de vía de escape otros momentos. Sin olvidar, además, usos "frigoríficos" ante la constancia de una temperatura en torno a los 12 grados. Sin duda, espectaculares.

Brihuega. Plaza del Coso. Escalinata de piedra que conecta este espacio urbano con el de Barrionuevo.

Brihuega. Viviendas en la plaza del Coso.

Brihuega. Plaza del Coso. Fuentes del Coso, una nueva plasmación de obra pública impulsada por los tiempos de Carlos III y esa política ilustrada de todo para el pueblo pero sin el pueblo.

Brihuega. Junto a una de las dos Fuentes del Coso, actual (y desde 2011) Oficina de Turismo, el viejo edificio de la Real Cárcel de Carlos III. Levantada en el último tercio del siglo XVIII (sus trabajos comenzaron por 1781) sobre otra anterior de tiempos de Felipe II, la Real Cárcel también albergó usos como escuela, como academia de música y como biblioteca.

Brihuega. Plaza del Coso. Fuente homónima. Y, ascendiendo con algunos buenos ejemplos de soportales en sus flancos, la calle Mayor.

Brihuega. Una vista atrás, ya caminando por la calle Mayor, de la plaza del Coso.

Brihuega. Ayuntamiento. Hay que señalar que este edificio es muy reciente, de 1975, pero se levanta allí donde Ventura Rodríguez firmó los trabajos de un consistorio anterior. El consistorio, comprometido con el valor de lo propio, trabaja en un programa intergeneracional cívico y cultura, para la puesta en valor de Brihuega, su patrimonio y sus costumbres entre toda su población.

Brihuega. Calle Mayor.

Brihuega. La torre y el campanario de la iglesia de San Miguel, vistos desde la confluencia de las calles Mayor y Travesía Cárcel. La de San Miguel, otro ejemplo de la transición del románico al gótico tan bien llegada en los templos de Brihuega, ya no presta servicios religiosos. Desde hace unos años acoge diferentes actos de naturaleza cultural. Ese rol, real, de Auditorio Municipal lo convierte en uno de los auditorios más espectaculares de toda la geografía estatal... y sin arquitectos estrella firmando el proyecto.

Brihuega. Soportales cromados por una luz de tonos verdes en la calle Mayor.

Brihuega. Calle Arzobispo don Rodrigo, confluencia con calle Mayor.

Brihuega. Calle de Atienza.

Brihuega. Fuente en la plaza que nace de la unión de las calles Eugenio Bartolomé, Cuesta de Asenjo, Peral, Atienza y Tinte.

Brihuega. De fuentes y fachadas. Rico pueblo en agua éste de Brihuega...

Brihuega. Cuesta de Asenjo.

Brihuega. Plaza de San Juan, cuyo nombre procede de las ruinas de una vieja iglesia que otrora se levantó aquí y que ahora presenta un uso mixto entre el parque y la protección de los últimos vestigios. La desaparecida iglesia, que captada por alguna vieja foto nos parece de una belleza simple y fascinante, se fue derrumbando lentamente, herida de muerte por la Guerra Civil, hasta su práctica desaparición en la década de los años 60.

Brihuega. Unos niños observan encandilados las artes de una charanga que ameniza el cumpleaños de un vecino en la plaza de San Juan.



Brihuega. Calle Costanilla de San Juan, que baja directamente a la plaza del Coso.

Brihuega. Un negocio que nos pareció fascinante: Antigüedades La Clandestina. Calle Tinte.

Brihuega. Exposición pictórica en la calle de las Armas.

Brihuega. Calle de las Armas. También encontraremos aquí algún que otro soportal...

Brihuega. Calle de las Armas. Pequeña columna. Muy pequeña.

Brihuega. Calle de las Armas: Casona de los Gómez. Y presidiendo la fachada, sus ostensos y bellos emblemas heráldicos.

Brihuega. Viejo Taller de Carpintería, que conserva su rótulo comercial, en la calle de las Armas. La foto, tomada desde la confluencia con la calle Camilo José Cela.

Brihuega. Magnífico ejemplar de árbol en la plaza Herradores.

Brihuega. Plaza Herradores.

Brihuega. Es una villa rica en fuentes y manantiales, como lo demuestra la existencia de una ruta temática que conecta doce de las más importantes, pero acaso aquí encontremos el ejemplo más atractivo: la Fuente de los Doce Caños.

Brihuega. Fuente de los Doce Caños. También conocida como Fuente de la Blanquina. Todo este conjunto fue reconstruido por los vecinos después de una sangrienta Guerra Civil que lo dañó seriamente. Recordaba Andrés Campos en El País allá por 2004: "En 1895, el semanario Flores y Abejas se hacía eco del decir briocense: "Si en vez de agua fuese quina, a Brihuega la haría rica la Blanquina".

Brihuega. Viejas construcciones, algo desvencijadas, frente a la Fuente de los Doce Caños.

Brihuega. Un rinconcito urbano curioso junto a la Fuente de los Doce Caños, en la calle Rincón.



Brihuega. En la pared opuesta de la Fuente de los Doce Caños, unos lavaderos no menos ricos en agua, con una zona para el enjabonado y lavado de las prendas otra para los utensilios y enseres de la cocina.

Brihuega. Ropajes secándose al fresco estival.

Brihuega. Calle Cadena, con la Puerta homónima al fondo. Es la hora de visitar los campos de lavanda propuestos por el Festival de la Lavanda.

Brihuega. Torre de San Felipe.

Brihuega. Vecina de la anterior, la iglesia de San Felipe. Considerada una de las obra más bellas de su patrimonio, por esa transición del románico al gótico tan bien conseguida, un grave incendio acaecido en 1904 devastó tu techumbre y provocó serios desperfectos tanto en su interior como en algunas zonas del exterior.

Brihuega. Frente a la Puerta de la Cadena se encuentra una parada de autobús que aprovecha la línea que une esta población con Guadalajara y con Madrid; y que también, con motivo del Festival de la Lavanda, alberga la salida de los autobuses que conectan Brihuega con los cultivos colaboradores. Los "billetes" para acceder al transporte pueden adquirirse en las mesas que, frente a la Puerta de la Cadena, pero ya en el parque, se instalan con este fin. En este enlace, un completo reportaje publicado en la web Guadaqué sobre el origen de su explotación agrícola.

Brihuega se encuentra en un vallezuelo que exige remontar alguna que otra pendiente que a ojo resulta muy interesante con fines ciclistas...

Brihuega, con cierta perspectiva. Muchos verdores emergen en su casco urbano. Jardín de la Alcarria.

Monolito que recuerda la batalla de Villaviciosa (en el marco de las batallas consecutivas de Brihuega y Villaviciosa de Tajuña) en la que se enfrentaron, durante la Guerra de Sucesión, y como ya se apuntó más arriba, los partidarios de los borbones y los de los austrias. En sus cercanías, en el otro margen de la carretera CM-2005 encontraremos importantes extensiones de cultivo de lavanda con su inconfundible color morado. "Mar morado de sensaciones".



Campos de Lavanda junto a la GU-918, en las inmediaciones de Villaviosa de Tajuña. Esta explotación es una de las visitables con motivo de un festival temático que empezó a organizarse en 2012. Esta es la web oficial del Festival de la Lavanda de Brihuega.

Lavanda.

Lavanda. De la experiencia de interactuar con esos colores y esos aromas se han publicado muchos y diversos resportajes. En Madridiario hablaban de "un paseo por la Provenza española". E idénticos términos en Ocholeguas.

Lavanda. Efecto ojo de pez. En mayo de 2017 Ana Isabel Fernández, consejera de Turismo de la Junta de Castilla La Mancha, destacó el crecimiento en un 57% de la edición de 2016 con respecto a la de 2015 para mostrar su confianza en el gran potencial turístico del evento. El gobierno regional apuesta por su promoción. Esta notoriedad en el mercado chino abre, además, serias posibilidades para una mayor notoriedad internacional.



Un par de visitantes conversan con un jinete junto a uno de los campos de lavanda ubicados en las cercanías de Villaviciosa de Tajuña.

Ocaso sobre los campos alcarreños donde se cultiva la lavanda. Un par de árboles casi mellizos comparten la puesta de sol junto a una de esas torretas para el tendido eléctrico.

[julio de 2016]
[agosto de 2016]

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