Un tesoro llamado Villa romana de La Tejada, en Quintanilla de la Cueza (junio de 2012)


Fernando frisa los cuarenta y pico, no es muy alto y su cara, más redondeada por un pelo corto y bien peinado, resulta muy amiga por unos rasgos de tendencia afable y un bigote con esa presencia del de Tom Selleck, sin ser tan generoso pero sí bien arreglado, que da aires de simpatía. Por eso, también por su viveza y su jovialidad, por su energía y su ironía histórica, sencilla y bienintencionada, su discurso resulta extremadamente interesante y entretenido. Oir a Fernando, en definitiva, el currante de la Diputación en la Villa romana La Tejada, bien merece el acercamiento a la palentina Quintanilla de la Cueza para visitar ese magnífico exponente artístico del siglo I d. C.

No muy lejos queda La Olmeda, la otra gran villa romana palentina, mucho más publicitada, más célebre por la obra arquitectónica de reciente cuño que, firmada por Paredes y Pedrosa, ensalza uno de los conjuntos de mosaicos romanos más interesantes de Europa. Más conocida por el fervor de su descubridor Javier Cortés, que la descubrió en 1968 durante unos trabajos agrícolas y se involucró hasta sus últimos días en las investigaciones arqueológicas. La Tejada, que es un siglo anterior a La Olmeda, no se queda atrás. Y esconde aún muchísimo. Lo que se ve es una pequeña parte de lo que podría ofrecerse. El hallazgo accidental, durante las labores de arado en una vieja tierra de labor, de unos mosaicos abrió la llave de un tesoro.Corría la década de los años 70 del siglo XX. El dueño de la propiedad donde aparecieron los restos propició excavaciones y facilitó otras labores, cíclicas entre 1971 y 1978. Otros vecinos se negaron y frenaron la continuidad de unos trabajos que prometían muchas más sorpresas. La cebada y los garbanzos lo impiden. Y no hay mucho dinero para ayudas.

En La Tejada visitable un grupo de mosaicos restaurados en diferentes habitaciones, estancias varias y los restos de los sistemas de unas termas nos confirmarán la importancia de esta villa de planta irregular. En los campos adyacentes, quizá en un futuro los devenires de la propiedad permitan nuevos avances. La teoría más extendida, reforzada por la ubicación de la villa junto a una antigua e importante calzada y la existencia de termas, alimentaba la hipótesis de estar ante los restos de un lupanar. Fernando que ni la niega ni tampoco le resta importancia a La Olmeda. Pero también añade que, dado el hecho cierto de que la cercana Tierra de Campos era uno de los graneros de la antigua Roma, la villa pudiera ser el icono de un gran latifundio de un militar importante. En Hispania, Roma premió a muchos de sus generales con propiedades después de una intensa carrera militar. Abandonada en la época visigoda, sufrió muchísmos saqueos durante la Edad Media con el objeto de reutilizar sus materiales.

La entrada cuesta tres euros y asciende a seis un billete que permite el acceso tanto a La Tejada como a La Olmeda, así como a otros monumentos de Saldaña. La visita nos devolverá con vestigios sobresalientes a otra época. Y nos alimentará las fantasías sobre qué otros secretos pueden esconder los terrenos de labor vecinos. Todo el recinto está bajo una estructura que, sin ser la mejor forma de conservar los mosaicos (agrieta las recuperaciones en las que se empleó cemento) sí los permite disfrutar sin que queden muy expuestos. La Olmeda tiene mucho pedigrí. La Tejada lo merece. Porque desde sus inicios siempre ha sido cosa de contribuciones, voluntariado y pasión. Como la que transmite Fernando. Sus mosaicos son muy variados, aunque los saqueos del pasado los han mutilado mucho. En 2007 pasaron por sus intalaciones casi 9.000 personas.

Villa romana de La Tejada. Plano de ubicación, junto al pueblo de Quintanilla de la Cueza.

Campos de Castilla de camino a Quintanilla de la Cueza. Plantaciones cerealísticas que aguardan la cosecha amarilleando al sol.

Interior de la villa romana. Toda la cobertura de la misma obedece a un diseño de la madrileña Rocío Rein Gómez Acebo, que en 2007 ganó un corcurso de ideas.

Una vista de los diferentes mosaicos y restos de esta villa, nada que ver con la habitual planta de una domus romana. En primer término, quizá el más célebre: el de las cuatro estaciones.

Mosaico de las cuatripétalas.

Teselas de un mosaico. Detalle.

Restos de la zona de termas, uno de los vestigios que, dada la naturaleza de la villa, alimenta la interpretación de que estamos ante un lupanar.



Restos del hipocaisto. O de canalizaciones y sistemas de calefacción (antecedente muy claro de la gloria que aún hoy se emplea en muchos pueblos castellanos).

El mosaico de las estaciones, con su entorno de esvásticas y motivos geométricos.

Restos bien conservados de hipocaustos,o sistemas subterráneos de calefacción.

Mosaico de los nudos salomónicos. Ciertas recuperaciones obedecen a que en el pasado los saqueos fueron constantes y muchas veces se perforaban en la zona de dibujos pensando que debajo se encontrarían ladrillos y otros materiales susceptibles de reutilización.

Un grupo de visitantes observa uno de los mosaicos de La Tejada. Más de 30 estancias, trece de ellas habitaciones, nos avalan la importancia de esta construcción.

Mosaico de esvásticas. Este símbolo, cargado de connotaciones negativas por su empleo icónico durante el nazismo, representa cosas absolutamente diferentes en ciertas culturas orientales (India, Japón,... ).

Mosaicos de temáticas peceras, inspirados en Neptuno, etcétera. Todo el perímetro está recorrido por una pasarela volante, como se aprecia.

Mosaicos. Bellísima factura y curiosa alternacia de motivos geométricos coloridos. Arte.

Contraste entre diferentes soluciones geométricas y un par de trabajos de recuperación.

Como si de un tablero de ajedrez se tratase... Precioso mosaico.

Un ilustre visitante (nada menos que el aventurero, escritor y periodista Javier Jayme, una institución), fotografía las instalaciones de la Villa romana de La Tejada a la altura de la gran habitación del recinto.

Diferentes restos arqueológicos de naturaleza arquitectónica, expuestos en un rincón de las instalaciones.

Nuevos restos de construcciones. Más allá de esos muros blancos prosiguen los yacimientos, pero no existen ni los permisos ni la voluntad (de los dueños de los terrenos) de recuperarlos.

Más restos de la antigua terma. En La Tejada se han encontrado también restos de monedas y utensilios.

Un visitante contempla los restos de la zona de termas.

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