El Veleta y el Mulhacén: un 'ida y vuelta' desde la Hoya de la Mora y con una cama sobre las nubes


Sierra Nevada. Zona montañosa que alberga las cumbres más altas de la Península Ibérica y que en su seno acoge muchas cosas, aunque todo ello con la pátina de estar ante un gran Parque Nacional: estación de esquí, laboratorios y telescopios científicos, instalaciones militares, centro deportivos... Y mucha naturaleza. Esta ruta propuesta es una de las clásicas dentro de la amplísima oferta de recorridos existentes. Hablamos de subir los picos Veleta (3.395 metros sobre el nivel del mar) y Mulhacén (3.478 metros) saliendo desde la zona de la Hoya de la Mora (a más de 2.500 metros de altitud) y pasando una noche en uno de los refugios de alta montaña de la zona. De antemano, un consejo que nos dieron repetidamente y al que le ponemos algo de poética: aunque los lugares puedan otearse próximos, las distancias engañan mucho en estos lares. Nada es lo que parece y conviene manejar mapas detallados como éste. [Mapas VíaMichelín]

Pradollano. Vista, desde la plaza de Andalucía, de esta concentración urbana que desde los años 60 del siglo XX alimenta la estación de esquí y que se encuentra por encima de los 2.000 metros de altitud. Como tal es una pedanía que pertenece al municipio de Monachil (aunque los mejores accesos son los que ascienden desde Granada capital, sin duda), pero de la misma forma que en el invierno está tomada por el ser humano, en algunos momentos del estío no puede evitar no evocar a una ciudad fantasma.

Montañas circundantes en una plaza de Andalucía en estado latente.

El telecabina Al Andalus, bien cerquita de la plaza. Toda la estación cuenta con una red de "estaciones" en su telecabinaje. Paradas en medio de las urbanizaciones, en suma. Al fondo, la Loma de Dilar.



Vistas desde la plaza de Andalucía.

Montaña arriba...

El grueso de construcciones que conforman la estación de esquí de Sierra Nevada, vistos desde la plaza de Andalucía.

Amanecer desde la terraza de la quinta planta de un dúplex.

Curva de herradura en la ascensión hasta la Hoya de la Mora y paisajes circundantes.

La carretera articula toda la urbanización que conforma el núcleo de Pradonallo y en sus cunetas se suceden dispares propuestas estéticas en las edificaciones.

Un hotel de curioso nombre: Kenia Nevada.

La travesía de la carretera vieja, que empalma pasadas las instalaciones del CAR con otro acceso directo hacia a la Hoya de la Mora que arranca antes de llegar a Pradollano, está jalonada de hoteles y edificios residenciales. Mucha urbanización concentrada en terrazas. Esa travesía, siendo la misma, se desmenuza onomásticamente en calle según la altura a la que nos encontramos. Aquí, en la calle Virgen de las Nieves.

Contrastes arquitectónicos. En el verano, muchos edificios enmudecen.

Sierra Nevada. Construcciones.

Estructura de madera, arbolito, tramito sin edificar que nos concreta más exactamente la pendiente y edificio de varias alturas. Estamos a la altura del Hostal El Ciervo y en apenas una curva de herradura la calle Virgen de las Nieves muta en la calle, poética pura, Fuente del Tesoro. Y por la noche, una noche estival en un entorno poco poblado en estas alturas del año, una zona casi fantasma, un zorro emerge de la oscuridad y olisquea e investiga por todo estos entornos. Increíble visión desde una terraza.

Descontextualizando esta instantánea tomada en la parte alta de Pradollano, dados los cánones de esta vivienda, parece que estemos en otras latitudes. Es increíble lo mucho que aporta en este sentido toda la zona...

Si en la zona baja se concentran los grandes edificios de pisos, dispares en estética y alturas, en la parte alta encontraremos más abundantemente viviendas unifamiliares con aires de chalets y similares.

Las instalaciones del Centro de Alto Rendimiento de Sierra Nevada. Muchos deportistas acuden aquí para beneficiarse del entrenamiento en altura. El campo de fútbol, con su intenso verdor, provoca fuertes contrastes con el entorno y las profundidades de una vega granadina que se intuye no tan lejana pero sí muy abajo...

Hemos abandonado la travesía que sube desde Sierra Nevada, una plataforma de carretera bastante ancha en estas alturas dada la existencia de zonas de aparcamiento para esquiadores y demás, y nos incorporamos a la carretera que rodeaba Pradollano para dirigirse directamente hacia la Hoya de la Mora. A nuestros pies, la urbanización.

El radiotelescopio IRAM, asentado a 2.850 metros en la Loma de Dilar. Se aprobó su instalación en 1979, entró en servicio en 1986 y nos sorprende desde entonces con esa antena de 30 metros de diámetro. Está gestionado por el Instituto Hispano-Franco-Germano de Radioastronomía Milimétrica (de ahí deriva lo de IRAM) y para su ubicación originalmente se había pensado en el mismísimo Veleta, lo que provocó un gran rechazo en la zona.

Esta carretera A-395 puede presumir de ser la ruta más alta de Europa y de contar con una entrada específica en la wikipedia; hay que señalar que hoy en día está cerrada al tráfico general desde las cercanías de la Hoya de Mora y solo los transportes debidamente licitados pueden subir hasta el entorno de El Veleta. ¿Cómo se gestó esa ruta? Sucedió en las décadas previas a la Guerra Civil, como parte de un proyecto ideado por el ingeniero Juan José Santa Cruz que pretendía acercar la capital granadina a la Alpujarra y la costa. Este tramo entró en servicio en 1935 y el fusilamiento de su impulsor enfrió la puesta en marcha de otras fases del proyecto. En el blog de Luis Bados puede profundizarse más sobre todo este proyecto.

Albergue Universitario de Sierra Nevada, bajo los Peñones de San Francisco. Esta instalación y la fama continental a nivel de Erasmus y planes similares que tiene la uni, o acaso su ciudad, explica que en la zona sea muy muy fácil encontrarse con extranjeros jóvenes disfrutando de la naturaleza. Lo gestiona la Universidad de Granada pero funciona abierto para todos los públicos.

Hoya de la Mora. Zona de merenderos y kioscos que en invierno acoge a muchos visitantes que quieren disfrutar de la nieve sin hacerlo en la estación de esquí: un uso menos sofisticado, tan simple como unos plásticos que se deslizan sobre el manto blanco. Y consecuentemente, contaban en El Ideal de Granada allá por marzo de 2015, una "ciudad sin ley".

El Veleta nos espera. Y la ruta a seguir no engaña... 'To'tieso' para arriba.

Primeros pasos...

La ascensión hasta el Pico Veleta desde la Hoya de la Mora fundamentalmente puede hacerse de dos formas (aunque hay varias alternativas): tirar en línea recta montaña arriba atravesando tramos de carretera o pistas de esquí, con el respectivo calentón derivado de la fuerte pendiente; o, por otro lado, en un contexto de pendientes más domesticadas, subir por la carretera.

En el entorno de Hoya de la Mora, otro de los observatorios astronómicos de estos pagos. En este caso, el antiguo observatorio.

Curva de herradura en la carretera que conecta el paraje de la Hoya de la Mora con el Pico Veleta, un tramo que curiosamente es el más duro en cuanto a porcentajes de una larguísima subida de más de 40 kilómetros. Estamos hablando de la carretera más alta de Europa, aunque no le hace mucho favor su ubicación en el seno de un parque natural. Como esta carretera también es común, durante un tramo, a la que llega al IRAM, la presión de los trabajadores de este centro y de otros enclaves de la zona lograron que se reasfaltase parcialmente la carretera y se parcheasen unos cuantos tramos. El resumen: una ruta perfectamente ciclable. Y sobre esa presión nos hablaron empleados de los kioskos del aparcamiento de la Hoya de la Mora.

Virgen de las Nieves. Escultura.

Ciclistas disfrutando de la plácida, y reasfaltada, carretera que sube al Veleta y el IRAM. Apenas un minibús que conecta el Albergue Universitario con las llamadas Posiciones del Veleta y coches de operarios y técnicos pueden recorrer esta revirada lengua de pavimento.



En nuestro caminar no hay medidas tintas: 'totiesoparriba' aferrándonos a una senda que juguetea, según el momento, con la carretera o con las pistas de esquí. Un ascenso duro y constante que a cada poco nos regala diferentes perspectivas sobre el entorno. Es una dureza muy agradecida, en cierta forma.

... siempre hacia arriba...

Caminamos por la zona conocida como Los Panderones. Sierra Nevada es un enclave de una riqueza toponímica bestial.

La carretera, al poco de superar la Hoya del Moro, vecina de "su femenina".

El radiotelescopio IRAM, asentado a 2.850 metros en la Loma de Dilar. Se aprobó su instalación en 1979, entró en servicio en 1986 y nos sorprende desde entonces con esa antena de 30 metros de diámetro. Está gestionado por el Instituto Hispano-Franco-Germano de Radioastronomía Milimétrica (de ahí deriva lo de IRAM) y para su ubicación originalmente se había pensado en el mismísimo Veleta, lo que provocó un gran rechazo en la zona. Ahora contemplamos muchísimo mejor las instalaciones.

De la inmensidad y el aire purísimo... Una vista atrás tras tomar la foto anterior.



Efecto ojo de pez sobre lo que vamos dejando atrás...

La implacable ruta hasta la cumbre del Veleta nos aporta, mediada la subida, esta panorámica sobre la zona de Borreguiles y su Laguna Seca.

Caminamos, fatigosos, por zonas que en invierno son pista de esquí muy solicitadas.

En los entornos del IRAM, perceptibles así entre las vallas que se emplean para delimitar zonas, montañas que rozan ya los 3.000 metros.

Caminamos, fatigosos, por zonas que en invierno son pista de esquí muy solicitadas. Y el sol cae a cuchillo. No se olviden de protección solar.

Caminando bajo remontes fuera de servicio temporalmente... O no. En verano también se emplean algunos en el transporte de bikers, senderistas y excursionistas...

El IRAM, al que miramos ahora "por encima del hombro".

La zona de Borreguiles. Es ésta una de las zonas más concurridas por los esquiadores durante la temporada de nieve y buena prueba de ello son sus diversas infraestructuras y servicios. Podríamos afirmar que si la tele capta instantáneas en la zona, este área tiene muchas papeletas para ser elegido como "escenario".

Telesilla. Nuestro camino, en este tramo sendero, sube por una zona que en invierno se aprovecha para las pistas de esquí.

La altitud y el desnivel no son obstáculos suficientes para echar atrás a la gente, más si cabe con tanta alternativa. El Collado del Veleta es un reclamo muy goloso y es capaz de convocar a gente de varios cientos de kilómetros a la redonda para excursiones de un día. Sobre todo en los días buenos.



El Veleta, tan icónico que es capaz de inspirar logotipos de estaciones de esquí o marcas de agua mineral, observado desde los últimos centenares de metros de la carretera que asciende desde Granada. A la izquierda se intuye el Mulhacén, que a partir de cierto momento comienza a poder verse (cosa que no sucede, por ejemplo, cuando comenzamos a caminar en la Hoya de la Mora: la referencia es El Veleta).

Los picos de Alcazaba (izquierda) y Mulhacén, vecinos de El Veleta al que nos encaminamos. Menuda sucesión de "tresmilesypico" que tenemos aquí... A los pies de todo, el llamado Corral del Veleta.

Nos acercamos a la zona conocida como Posiciones del Veleta, denominación que procede del frente bélico existente en la zona (a estas alturas, sí, como también pasó en la Sierra de Guadarrama en el mismísimo Peñalara) durante la Guerra Civil. A nuestra derecha, contemplamos el embalse de las Yeguas. Una presa que a veces no lo parece si no nos fijamos en su muro. Otra de las decenas de rutas que se pueden hacer en la zona comunica el Veleta con este embalse y con el radiotelescopio del IRAM.

Junto al Veleta, superado el Collado del mismo nombre, o también de La Carihuela, sucesión de tresmiles que conforman, por este lado, los llamados Tajos de la Virgen.

Bifurcación en las alturas. A la izquierda, la ruta asfaltada (un asfaltado que se irá progresivamente degradando) que sube hasta las inmediaciones del Veleta. A la derecha, la pista que nos deja junto al refugio de La Carihuela y que, salvando la cima, descendería hasta la zona de Poqueira.

Curva de herradura con asfalto menguante. A estas alturas, y nunca mejor dicho porque nos movemos a más de 3.100 metros, los porcentajes nunca bajan del 7,5%. Tremenda exigencia dada la longitud de esta subida.

Ante nosotros, todo ese valle que se extiende bajo los Vasares del Veleta y en el que se gestan varios torrentes de montaña.



El refugio de La Carihuela, un vivac a los pies del Veleta bastante concurrido en muchos acercamientos senderistas a este pico.

Dos excursionistas disfrutan de unas vistas magníficas sobre una zona deslumbrante de una belleza a veces desoladora.

Ciclistas apurando los últimos cientos de metros decentemente asfaltados del Veleta. Las particularidades de esta montaña, de gran altura, es que gracias a esa cierta "domesticación" de sus acceso la comparten cicloturistas y senderistas como si tal cosa.

Acortamos, a traves de un senderito que zigzaguea por una ladera pedregosa y empinada, hacia la cumbre. ¡Ahí está, al alcance!

Con permiso del Teide, en las Islas Canarias y con 300 metros más de altura, sus 3.478 metros convierten al Mulhacén en el techo de la Península Ibérica. Con un nombre de evocaciones legendarias, el de un antiguo rey nazarí, estamos ante una mole rocosa con hechuras piramidales en la vertiente que sube desde la laguna de la Caldera. Hablamos de su vertiente oeste. La imagen, tomada en el descenso del Veleta hacia el Refugio de la Carihuela.

Últimos cientos de metros de subida, con la carretera transformada en pista.

Un grupo de excursionistas se relaja junto a los restos de una vieja edificación que se engloba dentro de las Posiciones del Veleta antes mencionadas.

Vegetación de altura.

No todos los ciclistas llegan montados hasta aquí. Ver sus rostros en esta tesitura, contemplar su esfuerzo, asistir a la gestión de su equilibrio ante la dificultad... Poco qué decir.

De camino a la cumbre de El Veleta, una ruta muy concurrida con el buen tiempo. Una construcción que ahora sí percibimos con claridad (y antes intuíamos) llama nuestra atención y después veremos que se trata de un viejo laboratorio.

De camino a la cumbre de El Veleta, una ruta muy concurrida con el buen tiempo y un tramo final donde pocos ciclistas llegan pedaleando. Una construcción que ahora sí percibimos con claridad (y antes intuíamos) llama nuestra atención y después veremos que se trata de un viejo laboratorio.

Panorámicas.



Las viejas instalaciones de un centro de estudios de física asociado a la Universiad de Granada que se remontan a los años 60 del siglo XX. El asfalto permitió domesticar El Veleta y aprovecharle para diversas iniciativas, aunque estemos hablando de un picacho de más de 3.300 metros. En tres meses, más o menos, se construyó esta estructura, el Laboratorio de Física de Alta Montaña, que entró en servicio en 1961.

La concurridísima cima del Veleta, con la que en este soleado día podríamos bromear como la tienda de bicicletas más alta de Europa. Lo cierto es que la bondad climatológica y su cercanía a Sierra Nevada, entre otros motivos, acaban alimentando un hecho curioso: que para tomarse una foto de recuerdo en la cumbre, una foto que premie de alguna forma el esfuerzo en suma, haya que aguardar turno...



La concurridísima cima del Veleta, con la que en este soleado día podríamos bromear como la tienda de bicicletas más alta de Europa. Lo cierto es que la bondad climatológica y su cercanía a Sierra Nevada, entre otros motivos, acaban alimentando un hecho curioso: que para tomarse una foto de recuerdo en la cumbre, una foto que premie de alguna forma el esfuerzo en suma, haya que aguardar turno...

Veleta. Vértice geodésico.

Mulhacén (centro) y Alcazaba (izquierda).

Bajada rápida hasta el refugio de La Carihuela. Nuestra ruta sigue adelante.

Viejo parapeto a caballo entre el refugio montañero y el vestigio bélico. ¿Otra de las Posiciones del Veleta? Posiblemente.

El refugio de La Carihuela. Toma su nombre de una montañita cercana. Dada su proximidad al Veleta, este vivac es una excelente forma de pasar una noche en altura tras una ruta de alta montaña no tan extensa como otras. Es un clon del refugio de La Caldera, podría decirse, y sus alrededores son muy frecuentados por las cabras montesas. En la imagen, si se fijan, se intuyen un par disimuladas por los tonos de las rocas. La Carihuela, ahí es nada, se encuentra a más de 3.200 metros sobre el nivel del mar.

Cabras montesas en los alrededores de La Carihuela. Más esquivas que unas primas hermanas que veremos más adelante en este post.

El Mulhacén, mole presidencial, nos aguarda en el horizonte mientras nuestra ruta desciende desde La Carihuela por la pista principal del Parque Nacional.



Vegetación. Flores silvestres emergen de una roca pizarrosa.

Rocajes. Y en él, fisuras.

Estético e inolvidable tramo de ida hacia el Mulhacén: el Collado del Lobo y los Crestones de Río Seco nos esperan más adelante en nuestro caminar.

¿Bajo el Cerro de los Machos?

Espectaculares, rudas y rotundas vistas del valle del rio Valdeinfiernos, y sus entornos,desde el mirador del llamado Collado del Lobo.

Acercándonos a un paso abierto entre las rocas por el viejo proyecto de carretera, creemos, y que marca la entrada al entorno de la Laguna de Río Seco.

El paso citado.

... Y pensar que venimos desde allí...

Lagunas de Río Seco, donde nace el barranco del mismo nombre... Y al fondo a la izquierda, el Mulhacén.

Rumbo al Mulhacén, bajo los Crestones de Río Seco.

Los Raspones de Río Seco...

Una zona áspera y técnicamente aislada en la que, sin embargo, no será excesivamente difícil encontrarse con gente en los días que haga buen tiempo o en los fines de semana...

La pista llega a las inmediaciones de un refugio del que no teníamos constancia en los mapas y rutas que habíamos ojeado y que en mapas más detallados aparece denominado Villa Vientos. Nuestra impresión, que es menos mediático que La Carihuela o La Caldera. Y sin embargo también una alternativa muy seria y bien ubicada, ante épocas de alta afluencia de caminantes. Un auténtico balcón, además, ubicado a unos 3.100 metros de altitud.

Refugio Villa Vientos. O Villavientos. Este vivac en teoría para ocho plazas y antigua instalación de los guardas del parque transformada en refugio permite, en nuestra opinión, alguna más con un poco de presión. Aquí, por ejemplo, hablan de hasta doce personas. Y aquí, de los peligros del incivismo que nos amenaza hasta en estas latitudes.

Refugio Villa Vientos. Vistas desde el interior. El nombre le hace justicia: eolo, céfiro y compañía aparecen con frecuencia y cierta intensidad.

Un macho cabrío desciende desde las alturas y pasa por las cercanías del Refugio Villa Vientos. Este vivac es un enclave magnífico para acabar viendo algunas cabras montesas casi sin quererlo.

Una muestra de lo anterior... Cabra montesa posando junto al Refugio de Villavientos.

Observamos un mar de nubes bajo el refugio de Villavientos, del que vemos con más detalle las particularidades de su techado.

El ocaso, a estas alturas, se marida con los juegos de unas nubes que se expanden y se repliegan y acaban hilvanando un seductor mar de algodón ante, y bajo, nosotros. Uno de los puntos fuertes del Villavientos...





Ocaso sobre los llamados Raspones de Río Seco.



Espectacular cielo estrellado en una de las últimas noches de verano de 2015. La imagen no hace justicia a la calidad del visionado in situ, que despliega ante nosotros toda una cúpula de fanales encendidos con diferentes intensidades. Es difícil dejar de mirar al cielo y admirar tanta belleza.

Amanece y la salida del sol, tíbia en un mar de umbría con tendencia al frescor, nos coge ya en marcha por esta ruta principal que, de camino hacia Capileira, pasa junto al Refugio y la Laguna de la Caldera. Y a los pies del Mulhacén.

A la luz, cosas de los muros montañosos de piedra que circunvalan esta zona, le cuesta hacerse fuerte. Al fondo, bajo el Mulhacén, intuímos el Collado del Ciervo, también conocido, y menuda diferencia, como Collado de la Mosca.



Con permiso del Teide, en las Islas Canarias y con 300 metros más de altura, sus 3.478 metros convierten al Mulhacén en el techo de la Península Ibérica. Con un nombre de evocaciones legendarias, el de un antiguo rey nazarí, estamos ante una mole rocosa con hechuras piramidales en la vertiente que sube desde la laguna de la Caldera. Hablamos de su vertiente oeste.

Caminando hacia la cumbre del Mulhacén. Una primera parte favorable, más allá de la dificultad aportada por la pendiente.

En nuestra escalada, miembras los rayos del sol le dan al ambiente una luz más intensa, una vista atrás nos regala magníficas instantáneas sobre la laguna de la Caldera, el Puntal de la Caldera y el Puntal de Loma Pelada y, en segundo plano, el Cerro de los Machos y el Pico Veleta.

Desde el refugio de la Caldera, ubicado a poco más de 3.000 metros, hay que salvar más de 400 metros de desnivel hasta la cumbre del Mulhacén por esta vertiente oeste.

Luz y sombra.



El sendero inicial se convierte en una zigzagueante y minúscula vereda que salva un empinado tramo de piedra suelta. Estamos casi arriba, pero este breve trecho se hace largo. Y más si aparece el viento. Las vistas en todo momento son espectaculares.

Alcanzada la arista, la cumbre del Mulhacén queda cercana. Apenas hay que remontar unas decenas de metros, y sin una pendiente excesiva y un paso bien marcado por años y años de excursionistas y visitantes.

Capillita del Mulhacén. En las rocas que conforman el punto más alto se encuentra este espacio multicultural que aúna imaginería cristiana de origen mariano y banderines nepalíes. Además, exvotos y recuerdos a montañeros fallecidos. Es la capilla de la Virgen de las Nieves. Nos disgusta encontrar algunas pintadas de recuerdo, qué pena...

Capilla de la Virgen de las Nieves. Detalle interior. Esta virgen protege a los visitantes a las montañas por una historia que se cuenta aquí...

Mulhacén. El vértice geodésico del punto más alto de la Península Ibérica: 3.478 metros.



Un montañero se encarama a una de las concentraciones rocosas próximas al Mulhacén y otea los entornos del vecino Pico Alcazaba.

Montañeros en la cumbre del Mulhacén.

Entornos de la cumbre del Mulhacén: restos de edificaciones de viejas instalaciones militares y hasta una ermita.

La zona, creemos, de las Siete Lagunas...

Restos de edificaciones en la cumbre del Mulhacén...

Paseando por la cumbre como un miembro más del paisanaje, con pelaje de un color parecido al de las rocas y una densa capa de pelo protector, este felino caminaba a sus anchas por la cumbre del Mulhacén. Un caminante con el que compartimos, y departimos, un rato no dudó en bautizarle: "Mulhacén".

Restos de contrucciones en las inmediaciones de la pedregosa cumbre del Mulhacén.

La lejana Laguna de la Caldera, el Puntal de la Caldera, el Puntal de Loma Pelada, el Cerro de los Machos, el Veleta,... puntos ya vistos con anterioridad. Pero ahora estamos en lo más alto. Llegó la hora de comenzar la bajada.

Unos bajan. Otros suben.

Muestras de afecto de una pareja en plena ascensión, para ellos, al Mulhacén.

La bajada se hace rápida y cómodamente. Caminamos escoltados por la vista frontal sobre el Puntal de la Caldera.

¿Restos de un vivac?

Bajamos el Mulhacén hacia el punto en el que, por aligerar la carga, dejamos las mochilas y establecimos el inicio de la subida. El refugio de La Caldera fue construido en 1994, como el de la Carihuela del Veleta con el que guarda muchas semejanzas estéticas; tiene una capacidad para unas 16 personas, oficialmente, que se pueden doblar si la concurrencia se aprieta un poco.

El refugio de La Caldera fue construido en 1994, como el de la Carihuela del Veleta con el que guarda muchas semejanzas estéticas; tiene una capacidad para unas 16 personas, oficialmente, que se pueden doblar si la concurrencia se aprieta un poco. Aquí vemos cómo es su interior.

Una de las paredes del refugio presentan este escrito de unos versos del poeta salmantino con algo de extremeño Manolo Chinato: "Cómo hemos sido".

La laguna de La Caldera, a más de 3.000 metros de altitud. Colores sugerentes y reflexiones sobre la vida que alimentan y fomentan... Por esas montañas del fondo una abrupta senda permite coronar el conocido como Collado de la Calera y atrochar un buen tramo de terrerno, aunque de forma exigente, de la pista que comunica el Veleta y la zona de Las Alpujarras.

Dejamos atrás el Mulhacén. Un último vistazo al lugar donde hace unas horas nos hemos exprimido de lo lindo para alcanzar y disfrutar de una cumbre por encima de las nubes...

Allá en lo bajo, el Refugio de Poqueira. Ya avisábamos al comienzo que, consejo general de muchos buenos conocedores de la zona, las distancias engañan muchísimo. Parece cercano y a la caminata le quedaría un ratito... El Poqueira, que está a unos 2.500 metros de altitud (más o menos como la Hoya de la Mora de la que partimos el día de antes) es desde su génesis en 1997 la puerta de acceso a muchas excursiones que vienen desde La Alpujarra. Es un refugio especial y diferente: hay que abonar el alojamiento, dispone de servicios y duchas, cuenta con un pequeño espacio de cantina y sirve comidas; también es el más grande de la zona.

Camino de vuelta. Las subidas, aunque sean en la pista principal de la ruta Veleta-Capileira, se van haciendo duras y seguimos caminando en torno a los 3.000 metros.

Los Raspones de Río Seco, espina dorsal pétrea que escolta el conjunto lagunar de Rio Seco (a la derecha, la principal charca).

Uno de los puntos más hermosos de la ruta: un collado donde la pista rompe unas rocas en la, posiblemente, manifestación de trabajos del proyecto de carretera del siglo XX. Es un paréntesis en la transición de los Crespones de Río Seco a los Raspones.

Un vistazo sobre nuestros pasos... El Alcazaba (izquierda) y el Mulhacén (derecha) emergen sobre el Puntal de Loma Pelada. Todo es territorio "tresmil".

Caminando bajo los Vasares del Veleta, en el entorno de la laguna de Aguas Verdes.

Afrontamos los últimos cientos de metros de la pista principal del parque, con el Veleta al fondo y muy cerca del Refugio de la Carihuela. Se aproxima el final de la última subida del fin de semana...

Un grupo de cicloturistas disfruta del tramo reasfaltado de la subida al Collado del Veleta. Una zona donde un leve giro dibuja un abismo y ofrece una seductora profundidad de campo sobre el extrarradio granadino.

Subir en bici. Bajar a pata. Contrastes que regala el entorno del Veleta como pocas montañas en España.

La bajada, la vuelta al punto inicial de este periplo, nos regala perspectivas apasionantes de todo el entorno. Eso sí, la comodidad para nuestros músculos es muy relativa porque las pendientes se dejan notar y nos invitarán a ir "frenando" y reduciendo inercias. No es, evidentemente, el mismo desgaste que en la subida; pero la bajada también desgasta lo suyo.

En las cercanías de la Hoya de la Mora, el albergue militar Capitán Cobo. Algunos datos adicionales tras unos trabajos de impermeabilización en su cubierta allá por 2007. En la imagen se aprecia perfectamente el trazado de la A-395 y cómo, a la altura del albergue, una barrera que protege el Parque Nacional corta el paso a la circulación convencional.

Refrigerio y balance final en la zona de terracitas junto a la zona de aparcamientos de la Hoya de la Mora. Al fondo, entre parasoles, el Pico Veleta.

[septiembre de 2015]