De Buitrago a Puentes Viejas y media vuelta para callejear por su casco viejo junto al Lozoya


Buitrago del Lozoya. Población madrileña de casi 2.000 habitantes ubicada en la ruta hacia Burgos, a los pies del Puerto de Somosierra y a unos 75 kilómetros de la actual capital de España. Junto a la población de Rascafría, puede considerarse la gran población de la Sierra Norte de Madrid. Su nombre evidencia la mención a los buitres (aunque es un toro lo que aparece en su escudo municipal) y al río junto al que descansa y del que bebe. Y su estética muralla, Monumento Nacional desde los años 30 del siglo XX, es la única que existe íntegra dentro de la Comunidad de Madrid: hablamos de unos 800 metros de perímetro que con sus cambios y modificaciones ha llegado entera hasta nuestros días. De la zona, los planes hidrográficos del siglo XX han cambiado un poco la fisonomía de los cauces de la zona en tanto que nuevos embalses y obras hidraulicas se han sumado al paisaje. Tal es el caso de Puentes Viejas, que afecta al Lozoya. Esta entrada aborda una ruta senderista por paisajes que no son alta montaña, pero que tienen un encanto incuestionable; lugares variados, de rica presencia vegetal y que tienen su punto de retorno sobre la impactante presa de Puentes Viejas. [Mapas ViaMichelin]

Buitrago del Lozoya. El kilómetro 0 de esta ruta va a estar ubicado junto al restaurante Madrid-París, ubicado en la avenida de Madrid que en otro tiempo fue la travesía de la N-I por esta localidad. Allí dejamos el vehículo bien estacionado y podemos tomar un refrigerio antes de partir. Al fondo, en plena sierra, lo que creemos que es el pueblo de Gascones.

Buitrago del Lozoya. Empedrada calle Real. Acceso al casco urbano más viejo. Al fondo vemos la torre de la iglesia de Santa María del Castillo.

Buitrago del Lozoya. Plaza de Picasso. Y el ayuntamiento-museo homónimo, presidiéndola bajo el sol. Resulta que Eugenio Arias, quien fuera una de las personas más cercanas al genial pintor malagueño gracias a su condición de peluquero, acabó coleccionando algunos trabajos del artista. Arias, exiliado de la Guerra Civil y afincado en la Costa Azul, conocería a Picasso en suelo galo e intimaría mucho con él entre cortes de pelo y labores de barbería... Conversaciones siempre intensas. En 1985, este espacio cultural se convirtió en uno de los más de 80 museos que Picasso tiene repartidos por todo el mundo.

Buitrago. Visto en la calle de la Tahona.

Buitrago. Calle de la Tahona. Al fondo, la Torre del Reloj, toda una referencia dentro del casco urbano.

Calle de los Jardines. Llamativas columnas, "gamberreadas", ante un estrecho solar.

Calle de los Jardines. Un poco más abajo de la imagen anterior llegamos a este espacio urbano más despejado, la plaza de los Hornos, en el que incluso se intuye sobre los tejados el recorrido de la muralla por esta parte del pueblo. Y la torre de Santa María del Castillo.

Calle de los Jardines. En ese espacio urbano más despejado antes citado, disfrutamos de una visión más pura de un generoso tramo de la muralla que por el lado intramuros se engarza con el castillo de la población.

Río Lozoya. Dejamos atrás el castillo y la muralla para enfilar el Paseo del Río Lozoya, una avenida gracias a la que caminamos paralelos a su curso durante un buen rato, primero dentro del casco urbano y después por el campo.

El río Lozoya, desde el paseo municipal que lleva su nombre.

Llegará un momento en el que, con el río virando, nos encontremos con una zona ajardinada cercana a un denso pinar. Allí tomaremos un senderito, fácilmente perceptible, que nos introducirá bajo la masa forestal.

Ese sendero resulta un tramito bastante delicioso, por otra parte.

El río Lozoya, asomándose hacia la Sierra Norte.



El senderito antes citado consolida su firme con cemento en un tramo donde intuíamos que caminamos sobre algún tipo de conducción de aguas.

El senderito antes citado consolida su firme con cemento en un tramo donde intuíamos que caminamos sobre algún tipo de conducción de aguas. Ni las rocas son un freno.

Un curveo junto al río.

Buitrago del Lozoya así se nos presenta si echamos la vista atrás por esta zona...

El senderito alcanza rápidamente una zona de chalets y viviendas unifamiliares.

En este punto el senderito muta en pista más generosa mientras nos acompañan algunas casas.

Este nuevo camino describe un pequeño curveo ante una zona con muro de piedra. Hay varios pasos, al menos un par vimos nosotros; nuestro caminar nos llevó a cruzar más adelante, en una portera con recordatorios de obligación de cerrarla. Está muy cercana al cauce del río.

Buitrago del Lozoya, desde esta zona por la que caminamos...

Ya "en el otro lado", retomamos el formato senda mientras nos acercamos bastante al nivel del agua.



"Prohibido prohibir". Señalización artística sobre la cartelería del Canal de Isabel II, gestor de las aguas del Lozoya a través de la red de embalses y suministros.

Zona de desagüe de un torrente estacional que, dados sus abimos, nos obliga a cruzarlo más hacia el fondo.

Zona de bosque en la que podemos cruzar al otro lado mucho mejor...

Río Lozoya.

Río Lozoya. Curveo ante las sierras que protegen Sonzaz y La Puebla. Para los ciclista, hacia la izquierda, se intuye perfectamente el corte de la carretera del Puerto de la Puebla.

Otro arroyuelo seco que cruzar...

Un corte mucho más enjundioso.

Paisajes de la Sierra Norte...

Paisajes de la Sierra Norte...

Caminamos junto a una vieja cerca de piedra que tendremos que atravesar en alguna ocasión, llegado el caso.

Ah, el otoño...

Buitrago del Lozoya, que ya no está tan cercano, sigue seduciendo nuestras retinas con sus reflejos sobre el Lozoya y la escolta comprometida de los árboles.

Un camino amasado con muchas rodadas de vehículos recibe al sendero más modesto por el que caminábamos y nos empuja a un tramo de agradecida bajada tras la reviradamente improvisada ascensión anterior.

Los recovecos del Lozoya, recrecido por un embalse no muy lejano, en una imagen que muestra un nivel algo más bajo de lo habitual en una cuenca donde el agua es una baza segura.

Dos esbeltos pinos parecen competir por ver quién destaca más en su entorno.

Caminamos bajo alargadas sombras de pino que se solapan y abrazan en tan peculiar mirador improvisado sobre este punto del rio Lozoya. Y el nivel de las aguas, efectivamente, igual aquí es más patente.

¿Un búnker? Aunque la zona es rica en patrimonio bélico-militar por muchos vestigios de la Guerra Civil, no es el caso. Se trata de la conocida en la zona como Casa del Bosque, un palacete de recreo de estilo renacentista propiedad de la Casa de los Mendoza. El recreo realmente llegó después, en tanto que antes lo que imperaba era la caza, para la que es lícito pensar que existía por el lugar algún pabellón más específico.

El camino hilvanado con rodadas serpentea bajo el bosque y siempre con el río como referencia, más o menos cercana, a nuestra izquierda.

Altas copas.

Un pino derribado por un rayo, eso parece por el tipo de mutilamiento, yace herido de muerte junto a su tronco.

Concentración de troncos de pino con las aguas del Lozoya al fondo.



Cerca de la Casa del Bosque, la margen izquierda del Lozoya también nos regala una curiosa vista sobre las antenas de la estación de seguimiento de satélites. Un centro en desuso, propiedad de Telefónica, que en otro tiempo si fue usado para transmisiones al extranjero o para el envío de la señal televisiva a las Islas Canarias.

Estación de seguimiento de satélites de Buitrato. Y aquí, enlazado, un interesante artículo sobre las instalaciones más originales.

Lo perenne, lo caduco.

Los colores del otoño... de un otoño mucho más caluroso de lo normal.

Caducifolio rodeado. Poco antes habremos cruzado un acceso sin puerta marcado por el vallado de los alrededores. No tiene pérdida, es el camino principal.

Tremendo "cortafuegos" de seguridad bajo la conducción eléctrica de la línea de alta tensión. Los cruza este camino principal.

Llegamos a un punto donde el camino se bifurca hacia una portera entre el muro y otro camino que baja a nuestra izquierda. Y seguimos por ese para al, poco, alcanzar los restos de una zona de edificaciones en medio del monte.

Este camino desemboca en una zona más despejada en la que se aprecia el embalse de Puentes Viejas, una zona posiblemente ideal para pescar si es que está permitido.

Un senderista observa la Sierra Norte desde una zona transformada en playa (por la regresión de las aguas) del embalse de Puentes Viejas, cuya presa se intuye al fondo.

El embalse de Puentes Viejas, con sus aguas reflejando las montañas de la Sierra Norte. Nos agrada especialmente esta imagen para sintetizar el espíritu de esta ruta.

A la vera de las aguas todo camino se difumina e intuímos alguna vereda mínima, poco límpia y bastante poco marcada. Atravesamos un trecho en pendiente al más puro estilo campo a través en él hay que gestionar momentos como éste, más limpios, o como otros en los que el bosque bajo y el matorral nos frenan en nuestro avance...

Esa improvisación, sin embargo, nos permite descubrir un rincón de la geografía madrileña tan sugerente como éste...

Llega un momento en el que nos volvemos a encontrar de frente con un muro de piedra, que será nuestra referencia para abandonar este camino tan poco marcado y salir a una ruta bien marcada por las rodadas.

Llega un momento en el que nos volvemos a encontrar de frente con un muro de piedra, que será nuestra referencia para abandonar este camino tan poco marcado y salir a una ruta bien marcada por las rodadas.

La ruta, a estas alturas del recorrido, nos aporta estas nuevas vistas sobre algunos pueblos de la Sierra Norte. Aquí, especulamos un poco, contemplamos Berzona de la Jara.

A esta pista magnífico hemos desembocado al cruzar la cerca de piedra y, seguimos con la especulación, inicialmente pensamos que debe tratarse de la que dejamos atrás cuando llegamos a la altura de una zona de edificaciones en ruinas... Es una Vía Pecuaria importante como eje histórico de comunicación en toda la zona preserrana. Casi llegando a la carretera M-135, caminamos junto a un embarcadero para ganado. En la zona abunda el bovino y no son pocos los que remontan hasta aquí en coche para buscar setas en la época de las mismas.

Cruzando las enormes porteras que frenan la ruta de la vía pecuaria al llegar a la carretera M-135. Hay que mantenerlas cerradas.

Los paisajes adehesados en las cercanías de la presa de Puentes Viejas. Y seguimos intuyendo las antenas del viejo centro de satélites de Buitrago...

La M-135. Revirada y sinuosa. Al fondo contemplamos, creemos, el pueblo de Serrada de la Fuente.

La carretera M-135 llega a la altura de la colonia de Puentes Viejas, pequeño núcleo residencial para empleados de un Canal de Isabel II que paralelamente cuenta con tras instalaciones de control, mantenimiento y servicios en este enclave. Aunque también Puentes Viejas le da nombre a una población madrileña que aglutina los pueblos de Manjirón, Paredes de Buitrago y Serrada desde 1976. Manjirón ejerce de "capital" y sede del consistorio.

Puentes Viejas. Poblado. Prohibido el paso.

El río Lozoya abandona, encajonado, la zona de Puentes Viejas con rumbo al Embalse del Villar, un poco más abajo.

El muro del embalse de Puentes Viejas, tramo curvo de empedrado con una estrechez tal que obliga a restringir el tráfico en su superficie y los sentidos de la marcha se alternan mediante semáforos. Esta espectacular obra de ingeniería es uno de los proyectos más meditados del Canal de Isabel II y entró en servicio de una forma más o menos acabada en 1939.



Embalse de Puentes Viejas. Una contención acurvada que aprovecha un angosto estrechamiento del cauce del río para contener las aguas. En el pasado, no tan lejano, este enclave fue uno de los escenarios involucrados en la la sangrienta Batalla del Agua de la Guerra Civil.

El río Lozoya, abandonando el embalse. Un bosquecillo de ribera crece más allá de unas instalaciones en las que se produce electricidad mediante la energía hidráulica. Esta minicentral se incorporó a las instalaciones a comienzos de la década de los años 90 del siglo XX.

Medidores de los niveles del agua ubicados junto a los aliviaderos laterales...

La icónica construcción que emerge de las aguas del embalse de Puentes Viejas, también desde los años noventa: la torre de toma, cuya finalidad es captar aguas a distintos niveles.

Puentes Viejas supone el punto de inflexión de nuestro caminar y retomamos la ruta en sentido contrario, buscando la vía pecuaria anterior por la M-135.

Rasantes y curveos de la M-135 y Serrada de la Fuente.

Redes "sociales" en plena ruta...

Majestuoso ejemplar de la familia quercus ubicado junto a la vía pecuaria. La particularidad de este retorno es que ahora no vamos a cruzar esa cerca que sí atravesamos en la ida, sino que vamos a seguir caminando por esta pista principal prácticamente hasta el final de la ruta. Aunque con muchas variaciones de entorno en el camino...

Una buena pista atenúa su pendiente en una zona conocida como El Carranchal al tiempo que camina por una zona con perímetro de piedra (lo vemos a la derecha) y que correspone a los pagos de la Casa de los Conejos.

La conocida en la zona como Casa de los Conejos, que está en estado ruinoso y puesta a la venta. Referencia en las rutas desde Buitrago hasta Puentes Viejas, en esta interpretación senderista de la zona pasamos junto a ella únicamente a la vuelta.

Un claro en la "densidad presencial" de árboles nos regala este pradito delicioso a la vista.

Como decíamos esta ruta varía mucho de fisonomía en su contexto. Esta zona en la que un par de hileras de árboles nos acompañan un trecho es especialmente agradable para los sentidos.

El pinar recupera peso en la presencia de las "cunetas".

Este camino principal va a dar a una carretera, que es la M-126 que conecta Buitrago del Lozoya con Mangirón. Paralela, discurre una senda que es la que vamos a seguir hasta las inmediaciones de Buitrago...

Enorme bosta (sí, excremento vacuno más conocido como mojón) coronada de manera vegetal. Las cosas de la naturaleza y sus alianzas pecularies.

Una vista hacia atrás por el sendero que llevamos recorriendo un ratejo.



Este sendero va a dar a un camino más marcado por el que habíamos caminado a la ida. Por este nuevo camino disfrutamos de un generoso tramito bajo esbeltos pinos que no nos parecen especialmente viejos.

Puerta de madera por la que vamos a salir, que podemos ver en el sentido de ida y que no tomamos entonces pero que sí atravesamos ahora para regresar a esas edificaciones y viviendas unifamiliares junto a las que pasamos unas horas atrás ha.

Ya vemos ante nosotros Buitrago del Lozoya, una estampa ciertamente estética que nos acompaña tanto en la ida como en la vuelta. Una parada indispensable dentro de esta ruta.

El río Lozoya describe un poderoso meandro al que se asoma el promontorio donde se asienta el viejo Buitrago del Lozoya. Y viejo de los de muralla. De hecho, no existe en todo Madrid un pueblo que como éste conserve completamente toda su muralla.

Por el mismo punto por el que abandonamos el casco urbano, ese parque cercano a un pinar, regresamos a Buitrago y comenzamos a remontar el Paseo del Río Lozoya; y con nuestra marcha, paso junto a viviendas. Como éstas de la Travesía Río Lozoya...

Biblioteca Municipal Eugenio Arias, cuyo nombre se inspira en el que fuera gran amigo del pintor malagueño Picasso. Curioso edificio ubicado junto a la unión del Paseo Río Lozoya con la calle Tahona.

Plaza de San Juan. Instalaciones sanitarias de la Comunidad de Madrid.

La torre-campanario de la iglesia de Santa María del Castillo, que es realmente seductora para las pupilas allá donde nos convoque.

Arco en la coracha de la muralla que desciende hasta las mismísimas aguas del río Lozoya. Conocido como Arco de la Coracha por razones obvias.

Muralla en su vertiente fluvial, el adarve bajo. La cerca que protege el casco antiguo tiene 800 metros de perímetro.

La coracha se introduce en el río. Una defensa realmente impactante que tiene rango ejemplarizante en libros especializados publicados en otros países.



Buitrago del Lozoya. El castillo, realmente el alcázar. La fortaleza se aprovechaba de una alcazaba preexistente. Los musulmanes, en su intento por contener los avances cristianos, habían ideado una red de plazas fuertes. Buitrago, a los pies del paso natural de Somosierra, era una buena plaza para ejercer de dique. La potente Casa de los Mendoza desembarcó con la Reconquista y estableció aquí uno de sus bastiones.

Iglesia Parroquial de Santa María del Castillo, al final de la calle Infantado.

Edificaciones rústicas levantadas bajo los muros del castillo.



Fachadas. Calle Infantado.

Un curioso rincón con aire de abandonado, pero cortinas en las ventanas, en pleno centro de Buitrago.


Iglesia de Santa María del Castillo, referencia absoluta dentro del espacio urbano llamado plaza de los Caídos. El paso del tiempo ha sido cruel con este templo oriundo del siglo XIV, aunque muy posiblemente aprovechando una mezquita anterior: un incendio destruyó buena parte de sus instalaciones allá por 1936. La profunda restauración efectuada en los años 80 del siglo XX le dio a muchos elementos, con el techo al frente, un toque "neomudéjar" frente al gótico original.

Iglesia de Santa María del Castillo. La torre es uno de los elementos más definitorios e impactantes de este templo. Multitud de referencias mudéjares... y ojo, nada de "neo".

Iglesia de Santa María del Castillo. Curioso soportal de acceso. Es la única superviviente entre las cinco iglesias o templos con los que llegó a contar la población de Buitrago del Lozoya. En algunos, como en la desaparecida iglesia de San Juan, existían obras de arte religioso de gran valor que aún hoy se puede disfrutar: una cruz procesional que se escolta en el consistorio.

Arco de acceso al centro urbano o el extramuros, según toque. Aquí, vertiente de la plaza de los Caídos. Ubicado en ángulo, en la zona de influencia de la conocida como Torre del Reloj o Torre Barbacana, este recodo es el principal acceso al Buitrago medieval. La muralla, algunos de sus tramos, es visitable. Conviene consultar los horarios si se acude con esta intención.



El recodo de acceso al casco viejo, conocido por razones obvias como calle del Arco. Ese abrazo entre la muralla y las construcciones es uno de los rincones más fascinantes de esta población madrileña.

Paloma posando en la buhardilla de una edificación ubicada en la calle del Arco. Una visión con la que nos topamos según abandonamos el casco viejo de Buitrago del Lozoya.

Plaza de la Constitución. Gran espacio abierto extramuros en torno al que encontraremos multitud de servicios y negocios. Manda en él esta fuente monumental y en otro tiempo, según especulaciones históricas, contó con una picota.

La plaza de la Constitución, zona coqueta de Buitrago, gana muchos enteros visuales con la majestuosidad de la Torre del Reloj, estructura de dieciséis metros de altura que sobresale por encima de todos los tejados.

En la confuencia entre la calle Real, aquí peatonalizada, y la plaza de la Constitución, se encuentra este negociete de cartelería clásica y nombre muy propio.

[noviembre de 2015]

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