San Miguel de las Victorias y el Mirador del Rodenal, qué vistas (septiembre de 2012)


Como si un dios del imaginario vikingo hubiera descargado la ira de su espada contra una cadena montañosa, así la hoz que horadó durante milenios el conquense río Escabas en las cercanías de Priego. La Sierra de Bascuñana se retuerce. Y un corte profundo y brusco crea un micromundo conquistado por una alfombra de verdor. Un par de terrazas nos regalan enormes vistas sobre la hoz, a la que llaman Estrecho de Priego o de los Frailes, y nos acercan otros parajes de La Alcarria cercana. Una de ellas no es otra que el convento de San Miguel de las Victorias, uno de esos lugares de poder donde se suceden los altares desde tiempos animistas y donde descansa el patrón de Priego. Un balcón a 1.000 metros de altura.

La otra, más amiga del vértigo, 300 metros más arriba (en altura, porque en distancia ocupa un ratito más por una senda de esas trilladas), está en el Mirador del Rodenal. Una explanada acondicionada donde sí que puede disfrutarse en toda su magnitud la grandeza de la hoz, la inminencia de La Alcarria y la riqueza de pinos rodenos, los mismos que bautizan la toponimia. Priego seguirá llamando nuestra atención por la esbelta torre de su iglesia. El Rodenal protagoniza algunas rutas de senderismo. En julio de 2011 se terminó de acondicionar el sendero PR-CU 42 que ofrece la posiblidad de disfrutar unas parajes maravillosos al norte de la provincia de Cuenca.

El Mirador del Rodenal, muy próximo al Convento de San Miguel de las Victorias, cuyos alrededores son otro mirador en sí mismos sobre Priego.

Convento de San Miguel de las Victorias, una joya del siglo XVI que toma su nombre del Arcángel San Miguel. Se le quiso agradecer la victoria de la corona en la Batalla de Lepanto (1571). De ahí su apellido "de las victorias".

San Miguel de las Victorias. Estamos a 1.015 metros sobre el nivel del mar y a unos seis kilómetros de Priego.

Un vistazo por la zona basta para comprender el motivo de que la estética del recinto parezca posterior. En 1777, bajo las órdenes de Martín de la Aldehuela, se reconstruyó íntegramente, porque la edificación original fue acribillada por los desprendimientos de rocas.

San Miguel de las Victorias. Este convento alberga la imagen del Santísimo Cristo de la Caridad, patrón de Priego.

San Miguel de las Victorias. ¿Por qué eligió Fernando Carrillo de Mendoza esta ubicación? Carrillo de Mendoza era el mayordomo mayor de Juan de Austria, almirante de la flota en Lepanto. Estamos en otro lugar de poder, donde el ser humano siempre montó altares y templos, incluso los Templarios. El barroco interior de la iglesia.

Cúpula con vanos policromados.

En el exterior, un altar al aire libre con muy buena sombra. Y muy buenas vistas.

La hoz que arraiga en plena Sierra de Bascuñana, auténtica frontera entre La Alcarria y la Serranía de Cuenca.

Escarpadas hoces en el Estrecho de Priego, también conocida como Estrecho de los Frailes. Y muchísima vegetación.

Vistas sobre Priego desde los alrededores del convento. La iglesia de San Nicolás de Bari, especialmente su torre, llama rápidamente nuestra atención.

Unas preciosas vistas.

Cartel anunciador del Mirador del Rodenal. Este balcón de espectaculares vistas sobre la Hoz de Priego (el famoso Estrecho de Priego) y La Alcarria se encuentra a casi 1.300 metros sobre el nivel del mar.

Queda bastante claro quiénes han sido las ejecutoras del acondicionamiento del mirador para el disfrute del visitante...



Menuda garganta que traza el río Escabas.

Una terraza perfecta que queda fetén con los campos de labor al fondo.

El pueblo de Priego, visto desde las alturas. San Nicolás de Bari luce hermosa. La localidad natal del grandísimo ciclista Luis Ocaña supera los 1.000 habitantes, cifra nada desdeñable por estas latitudes.

Montañón de pobladas y escarpadas laderas.

Hermosos paisajes.

Pues sí que es fotogénico Priego,sí.

El Estrecho de Priego es una señora hoz de esas que dan mucho vértigo. Y profusamente verde.

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