Camino de Santiago. Séptima etapa: de Ribadiso da Baixo a Pedrouzo (11 de abril de 2012)


Después de mutilar la etapa inicialmente prevista ante la seducción del albergue de Ribadiso da Baixo y la satisfacción de una opípara comida en el cercanísimo Bar Manolo, los algo más de 22 kilómetros que nos separan de Pedrouzo nos emplearán más tiempo del previsto por otro descubrimiento bajo la lluvia: el de A Casa Verde. Antes, claro, una buena caminata descubriendo Arzúa, su planta moderna, sus hechuras actuales y sus pinceladas añejas, pocas pero más en sintonía con el Camino. Los alrededores de Arzúa, pese a que estamos muy cerca de Santiago y comienzan a hacerse más presente la mano del hombre en todo el entorno, resultan ciertamente atractivos por el verdor de sus campos y la exuberancia de sus corredoiras vecinas, tan pródigos que le aportan un punto extra de frescor a un tibio amanecer tomado por las nubes de tormenta.

Y dicho y hecho, con rachas, la lluvia nos acompañará hasta Pedrouzo no sin antes escoltarnos hasta A Casa Verde, en el termino municipal de Salceda y junto a la transitadísima carretera N-547. En su kilómetro 25 nos espera este bar, un local de aires hippies donde las prisas son tan malas consejeras como los agobios, es una de las paradas con más personalidad del Camino que hayamos experimentado. Sólo una persona haciéndose cargo del tinglado mientras la gente no deja de entrar, preparando bocatas, sirviendo cafés y refrescos y preparando a mano los sellos de su establecimiento. El entorno, decorado con todo tipo de cachivaches, desde guitarras a timbales, pasando por carteles de la película Amelie y muchisimas fotos, está marcado por la policromía de sus paredes en colores de tendencia pastelosa y por una recopilación anárquica de dibujos, frases y aportaciones manuscritas de diferente índole que decoran mesas, paredes, puertas y techo. Lemas pacifistas, reseñas del buen rollo de lo que somos capaces de ser pero no somos. Los bocatas de tortilla son magníficos y la cuenta para tres no fue nada cara. En resumen, recomendable por pintoresco y por agradable.

Tras la parada, alargada por la espera del sello y el disfrute de tan peculiar lugar, nuestros pasos nos conducen junto a algunos de los memoriales que recuerdan a los peregrinos que se dejaron la vida en o tras el Camino. Guillermo Watt o Myra Brennan son dos trágicos ejemplos de una realidad: la de que hay gente que en su búsqueda jacobea fallece. La etapa, además de deparanos algún cruce peligroso con carreteras de cierto tráfico y de descubrirnos un curioso sistema con sensor de paso para promocionar un albergue (si no lo creen no dejen de ver el vídeo), nos regala los hermosos campos de labor cercanos a Pedrouzo. Este pueblo, penúltima etapa, no es de los más hermosos. Pero la cercanía de Santiago le da a su buen albergue (buenas instalaciones, pese a que el agua fría se esfume rápidamente) un ambiente festivo extra que lo hace más especial aún. Además, las literas están distribuidas de tal forma que surgen como microhabitaciones, con su consecuente ración de minintimidad.

Mapa de ubicación. La etapa entre Ribadiso da Baixo y Pedrouzo, finalmente de unos 26 kilómetros, está marcada por una climatología variable. De las siete horas empleadas en la marcha, una y pico se nos quedó en una encantadora parada técnica en A Casa Verde. Un café peregrino muy hippie y con pocas prisas. Genial. La jornada supone una pequeña modificación a la clásica etapa entre Arzúa y Pedrouzo que recogen una amplia mayoría de guías.

Dejando atrás Ribadiso da Baixo. Abandonamos, en nuestra opinión, el albergue más hermoso de todos los vistos en la red gallega. Rumbo a Arzúa.

Una vieja casona en las afueras de Arzúa.

Vistas desde las afueras de Arzúa en torno a las nueve de la mañana

Albergue de Arzúa. Establecimiento de 46 camas (34 plazas en literas). Como pertenece a la red de la Xunta, su precio asciende a 5 euros (tarifa en abril de 2012).

Una vieja vivienda abandona en la calle Cima do Lugar. Detrás, la capilla de la Magdalena (siglo XVI). Muy cercano, el albergue municipal.

Iglesia Parroquial de Santiago, un templo mucho más moderno de Arzúa.

Arzúa. Arquitectura popular junto a la vieja ruta del Camino.

Un rinconcito de Arzúa. Hay que señalar que, a modo anecdótico, este municipio coruñés está hermanado con Trujillo, en Cáceres. Las dos organizan afamadísimas ferias de temática quesera.

Una fuente en las afueras de Arzúa, de camino a la aldea de As Barrosas.

Llegamos a la pequeña aldea de Preguntoño. Curioso nombre.



Un bosque con mucho encanto en las cercanías de A Peroxa.

Una de las últimas, y sin embargo más hermosas corredoiras, que afrontaremos en el Camino.



Como sucede en muchísimas señales e hitos (desgraciadamente en la mayoría de los casos), un peregrino ha improvisado un ingenioso mensaje aprovechándose de una señal de obras.

Atravesando un pequeño núcleo de población que no hemos sabido identificar. ¿A Peroxa? ¿Taverna Vella? ¿Calzada? Tendremos que ir con más cuidado la próxima vez.

En A Casa Verde. Fácil de ubicar por encontrarse en un tramito junto a la N-547 y porque un cartel colgado de un árbol nos avisa. Sito en Salceda, es uno de los establecimientos con más personalidad del Camino. Sus paredes, su decoración y su mobiliario lanzan mensajes sobre ese otro Camino posible. Sus sellos son hechos a manos con tinta verde. El único precio, un poco de paciencia.

Peregrinos en A Casa Verde. Un remanso de paz donde da gusto parar. Los bocatas de tortilla son la releche y merecen la pena esperar un poquito. En  A Casa Verde no hay prisas.



Un rincón de A Casa Verde.

Los servicios. Como se aprecia, no faltan los mensajes en ningún rincón. ¡Hasta nos pareció leer uno del equipo español de natación sincronizada!

Monumento Memorial a Guillermo Watt, un peregrino que falleció en 1993 cuando se dirigía a Santiago. Se quedó bien cerca. Tenía 69 años. A lo largo de la ruta son varios los recuerdos de este tipo que encontraremos. Los peregrinos dejan sus exvotos o sus recuerdos como muestra de duelo, respeto y/o homenaje.

Zona de descanso tras pasar el alto de Santa Irene (este lugar genera cierta confusión por la falta de indicaciones, pero nos reencontraremos) y cruzar la N-547 por un peligroso cruce. Estamos en la fuente barroca de Santa Irene, cerca de la que hay dos albergues, y volveremos a pasar la carretera, aunque esta vez por un túnel más seguro.

Nos espera un tupido bosque de eucalipto durante un pequeño tramo. Mucho frescor, más aún bajo una lluvia intermitente.


Dos peregrinos se dirigen hacia Pedrouzo mientras pasan junto a otro de los memoriales, en este  caso el de una mujer holandesa. Myra Brennan, de 52 años, falleció el 24 de junio de 2003 inmediatamente después de acabar su segundo Camino consecutivo.

Varios peregrinos preparan sus respectivas cenas en la enorme y bien equipada cocina del albergue público de Pedrouzo.

CAPÍTULOS DE ESTA ENTRADA
Consideraciones para un Camino en ocho etapas y tiempo variable.

De Villafranca del Bierzo a O Cebreiro.

De O Cebreiro a Triacastela.

De Triacastela a Sarria por el Monasterio de Samos.

De Sarria a Portomarín.

De Portomarín a Palas de Rei.

De Palas de Rei a Ribadiso da Baixo.

De Ribadiso da Baixo a Pedrouzo.

De Pedrouzo a Santiago de Compostela.